lunes, 18 de junio de 2012
La democracia del cartón de leche
" En los albores de un siglo que se sitúa enteramente bajo el signo de la desmitificación, son los imbéciles los que se las dan de listos"
Charles Péguy
Son tiempos electorales.
Se decide "la grande" y aún cuando nos importe muy poco, voltear a otro lado es practicamente imposible.
En cada rincón visual y auditivo se repite una y otra vez la propaganda.
Absurdo ejercicio que por extraño que parezca, sigue funcionando con los mismos principios .
Si nada parece cambiar en el país, porque habrían de cambiar los slogans, las sonrisas, las promesas y la aseveración de la victoria.
La originalidad parece estar reservada a la deconstrucción del español y su posterior "reciclaje" en frases de semántica compleja, de ex abruptos casi kantianos.
De pobres ideas, de pobre contenido.
Cortinas de humo, distracciones orquestadas en el sistema comunicativo de los que se rolan el poder.
Para las elecciones pasadas, se desplego una campaña cuya tesis se resumía en que "si no votabas no podías quejarte de nada " tratando de evitar el severo abstencionismo que se había dado en elecciones previas por parte del sector "juvenil".
Personajes "jóvenes" (eufemismo de dudosa garantía, pues el concepto de juventud es multi interpretativo ), de la música y otros medios salía a tratar de convencer a su "igual" a votar , como si votar fuera un turno, un pase v.i.p. o el salvoconducto por el cual la gente pudiera expresarse.
Nada mas alejado de la verdad.
Lo que nunca se encargo de explicar dicha campaña es que TU voto tenía que ser por alguno de los candidatos que los partidos políticos había elegido...para ti.
Pues no había nadie mas.
Es decir, que alguno de ellos te tenía que convencer y si ninguno lo hacía...pues votar por el menos peor.
Esa es la democracia del carton de leche.
Cuando era niño en la región en la que creci, solo había una marca de leche y una sola presentación (de la misma manera en que solo había un partido político que se repartía el poder) .
Conforme avanzo el tiempo y a la par de la aparición y del exotismo de los productos light se creo una nueva presentación y durante mucho tiempo ese fue el único dilema a la hora de hacer el super.
Comprar leche entera o semi descremada.
Sin embargo, ahora basta darse una vuelta por cualquier supermercado para percatarse de que las leches tienen todo un stand y que ,no solo hay una competencia en las cuestión de las marcas, (que se han cuadriplicado ) si no en las "bondades" o cualidades que te ofrecen; ese extra como por ejemplo fibra, extra calcio, para mas de 40 años y una larga lista de etcéteras, que pueden determinar tu compra.
A primera vista se podría aplaudir la apertura del mercado y las multiples opciones que se tienen, argumentando que nuestra capacidad de decidir se ve favorecida por la diversidad en las opciones que tenemos a la mano.
Pero parece que dejamos de lado que mas allá de la "gran baraja de oportunidades" que tenemos el producto será siempre el mismo: leche.
Entonces ¿ de verdad somos libres de elegir?
¿o lo somos dentro del espectro en el que se nos permite serlo?
¿Es verdad que tenemos muchas opciones (el número es lo de menos) o solo tenemos las mismas opciones con otro nombre, con otra imágen, con otro slogan.?
Al parecer solo tenemos la apariencia de eso que llaman "diversidad".
En el mundo y en el sistema político en el que nos ha tocado crecer hemos vivido casi siempre apresados por apariencias.
Apariencia de lo que debe ser el éxito , apariencia de lo que es la libertad, apariencia de ser democráticos.
Tal como lo menciona Marcuse, vivimos oprimidos de una manera sutil, creyendo que nuestro fin en la vida es tener y lograr lo que nos dicen que debemos lograr a partir de lo que podemos adquirir y de la perspectiva del otro, enajenandonos para lograr ese cometido a toda costa, dejando de lado nuestra capacidad de decisión, es decir, el reducido espacio de libertad que (pensamos que) tenemos.
Así es la democracia en nuestro país.
Creemos que nuestro voto respalda la opinión que tenemos y nuestra postura frente a ciertos aspectos del país pero dejamos pasar el hecho de que esa opinión esta maniatada a los designios de un grupo de poder que elige por si mismo las opciones que van a competir.
Ni mas ni menos.
Y esto va más allá de cuestiones partidistas. Es la realidad que encumbra nuestra tan comentada votación democratica y nuestro ejercicio electoral.
Dentro de ese ruido blanco que generan los medios de comunicación (esos eternos oportunistas) la iniciativa privada, el ultraliberalismo económico y los organismos gubernamentales a partir de sus constantes notas, promocionales y estadisticas, todo parece estar reducido a quien ganara la elección, nunca a porque tiene que ser alguno de esos 4 impuestos los que tengan que ganarla.
La capacidad administrativa, el poder de convocatoria o la postura politica no deberían de ser mas que complementos de ese proceso de elección.
Entonces ¿por quien votar? parece ser la pregunta obligada.
Para mi, el voto nulo es mi mejor respuesta.
Es cierto, España nos dio una muestra el año anterior de las limitaciones que tiene esta postura cuando se enfrenta al voto duro y la convocatoria se reduce a ese espectro tan limitado que comprende "la juventud inconforme e indignada" .
La democracia esconde dentro de su simiente el punto medular de su infortunio; un voto más o un voto menos determina el curso de las cosas...sin importar el oprobio que pueda significar ese curso a la larga.
Ademas no se puede caer en la ingenuidad y pensar que TODOS vivimos el régimen de la misma manera (unos ganan, otros ganan más, muchos pierden) y que TODOS queremos que las cosas cambien.
Aun con todo esto, la idea de la anulación (que no es lo mismo que el abstencionismo) creo que es una buena manera de encarar un escenario que se percibe desolador en el cual es claro que ninguno de los candidatos (al menos a mi) me representa.
Porque mas allá del trillado argumento del "estás dejando que otros elijan por ti", la verdad es que desde el principio de todo esta "competencia" ya lo han hecho .
Hablamos mucho de cambio, pero seremos incapaces de generarlo, hasta que logremos comprender que el verdadero cambio tendrá que hacerse en nuestra manera de comprender y elegir al gobierno.
Desde el principio del sexenio mismo hasta el final.
Ser capaces de observar cada una de las eternas problematicas y demandar las complicadas soluciones que se vuelven necesarias durante más de 6 largos años.
Dejar de percibir la presidencia como una representación cuasi monarquica, de la que se esperan las soluciones inmediatas y totales, -casi como si se esperara que un poder divino, un deux ex machina llegara a responsabilizarse de nuestras necesidades- es una buena manera de empezar.
Sartre decía que todo es para hoy, para la vida que estamos viviendo y sin embargo en materia de política parece que vivimos siempre en un futuro que no llega, dentro del laberinto de un ayer (con todo lo que tiene dentro de sí) del cual hasta este momento no hemos sabido como salir de el.
Por esto, para mi estas elecciones estan perdidas, (tan dentro de ese laberinto como siempre), pero quiza otorgando el mensaje correcto a lo largo de este periodo presidencial, sera posible en un futuro, generar conciencia sobre lo que se puede hacer , partiendo quiza de algo tan simple como enseñarle a una gran parte de la ciudadanía la definición verdadera de los que DEBE de ser un gobierno.
Las opciones para otorgar los mensajes pueden ser tan amplias como la imaginación, pero una cosa es clara: todas exigen constancia, presencia y una focalización muy bien determinada de cada uno de los inmensos problemas.
En esto no hay trucos.
Quiza de esa manera las palabras "cambio" y "presente" logren tender entre ellas un verdadero vínculo.
Esa es al menos, una opinión.
DQ
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Acabo de decidirme, mi voto se lo daré a Chepina. Uno de los varios escritos que me hicieron llegar a esa conclusión fue este, del maestro Guillermo Sheridan: http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2012/06/59179.php a ver ustedes que opinan.
ResponderBorrarDQ, fíjese que esta vez no apoyo el voto anulado, se que lo pensé mientras andaba de viaje, pero al llegar a La Laguna se lo comenté a alguien y tajantemente me señaló lo iluso de pensar que el PRI puede portarse a la altura (de México, no de sus intereses). Treinta y tantos mil millones, venta de plazas a lo peor del narco, etc etc... en fin lo resumió con el siguiente apotegma "Si gana el PRI, a México le va a ir como le va a Coahuila".
Pero bueno, como usted dice: "Esa es al menos, una opinión."
LJ
Pues terminé votando por el abuelo, me sumé a la razón de que unidos podíamos lograr algo. Pensé en el voto útil hacia el candidato más cercano al puntero, pero no todos pensaron así. Supongo que fue porque ningún candidato convenció y los de cada uno prefirieron ser leales a los suyos. Esto al menos, nos deja ver lo honestos que podemos llegar a ser.
ResponderBorrarLJ